El internet y sus cosas

No me acuerdo si era el año 2013 o 2014 cuando ya me había convertido en un ferviente creyente (y evangelizador) de la tecnología cuando escuché de personas mayores que yo: “soy muy mala con estas cosas”, cuando de internet y sus aplicaciones se trataba. No tuvo que pasar mucho tiempo para que me diera cuenta de algo. En realidad, tanto adultos-adultos como adultos-jóvenes, no entendemos cómo usar el Internet.

Entender y saber no son cosas iguales pero no se excluyen. En nuestros tiempos (el apogeo millennial), son abrumadores los servicios al alcance de nuestras manos que nos facilitan tanto la vida que los aceptamos sin reparo. Otros, nos han permitido ser el centro de un mundo aparentemente pequeño. Y sin embargo, nos olvidamos de algo que las generaciones anteriores hacían (cuando estábamos en la inocente infancia de los 90): aprender a usar una herramienta y enseñar a sus descendientes la manipulación responsable y cuidadosa de alguna cosa (la licuadora, la estufa o los fósforos).

Con el internet, su expansión y diversificación, pasamos por encima del proceso que implicaba el que un adulto nos mostrara cómo usar algo y simplemente nos acercamos a encender fósforos dentro de un pajar para luego tirarlos al suelo. Nuestra generación (en mi opinión) se ha engañado creyendo que entiende Internet y sus “apps”. En realidad, muchos sabemos poco, otros nada. Y entre más sabemos (los que decimos que lo hacemos) más pereza nos causa saber porque nos estamos convirtiendo en una generación de infografías.

¿Cómo será nuestro futuro? El Internet ya se nos vino encima. Entendemos tan poco de éste ente tecnológico que podría atreverme a decir que ahora que esta red está superconectada, pronto será tan compleja como la vida misma, dejándonos muy al margen de saber lo que significa Internet como herramienta. La generación que dice entenderla, no la entiende. La generación de atrás avanza con una venda en los ojos confiando en sus hijas e hijos. Y la nueva generación, algunos opinan que solo viene a presionar botones.

En esta opinión no hablo ni me acerco a las cosas de la paranoia (que no debería tratarse como tal) habitual de la privacidad o la libertad, sino a algo en esencia más importante: ¿estamos listos para una herramienta de tamaño semejante? Yo considero que no, pero podríamos estarlo. A menos que seamos incendiarios, creo que muchos aún reparamos en el peligro que supone encender fósforos y tirarlos en un pajar (lleno de paja seca, por si no estaba claro).

Bueno. Ahora, ¿cómo subo esto a mi Twitter…? Oh, ¡ya vi cómo…!