¿A qué suena el río?

Hace unas semanas algunos amigos y yo fuimos a un lugar cercano para intentar bañarnos en el río y pasar un buen rato. La cosa fue que el río estaba demasiado alborotado ese día y no fue posible nadar pero se me prestó el momento para vacilar un poco con la mente…

Había estado sentado junto al río y éste hacía ruido. ¿A qué suena? Era una buena pregunta. Comencé a imaginar al río. De tanta distancia que viaja, cada que lo ves, te cuenta sus secretos pero uno ya tan metido en lo suyo, se le ha olvidado como escucharlo. Entonces, también me imaginé que no nos cuenta algo; más bien platica con las piedras, les trae las buenas y las malas de las tierras altas, ese sonido quizá es el de una charla. Pensé sobre qué pasaría si al río le quitaras a sus acompañantes. Probablemente se quedaría mudo, ¿a quién le contaría sus historias? Un río sin piedras sería un río mudo. Llegué a la conclusión de que el río no platica con nosotros, majestuoso como es, dedica sus mejores versos a quienes no han podido viajar tan lejos como él, a las piedras. Y que nosotros sólo estamos ahí queriendo hacer lo que hace tiempo se nos olvidó cómo se hacía.
Juan Mt
En “Los Zetales”. Septiembre, 2016.

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